Calorías de la discordia

Verdades y mentiras para adelgazar cuidando la salud. Estrategias y suplementos dietarios

Entre las tendencias que cada tanto se imponen a los hábitos de la alimentación, se da en estos días una demonización de los carbohidratos, cuando en verdad se trata de un tipo de nutriente que tiene que estar en todo plan de alimentación porque su función principal es nada menos que brindarnos energía.

Al igual que las grasas (otro grupo que se mira de reojo al hablar de dietas), es necesario cuidar las cantidades de carbohidratos y la calidad de sus fuentes alimentarias ya que algunos son más convenientes que otros.

Sin embargo, teniendo esto presente, no es recomendable eliminarlos por completo ni creer que agregarle alguna sustancia al consumirlos inhibe totalmente su acción.

Más allá de qué grupo de nutrientes estemos juzgando, es bueno saber que en su justa medida todo se puede comer; siendo el exceso y el desbalance lo que puede derivar en trastornos, ya sea obesidad o algún déficit vitamínico.

Ahora bien. Los suplementos dietarios son sustancias que complementan alguna carencia alimentaria. Algunos son a base de vitaminas, de aceite de pescado o aminoácidos para mejorar, por ejemplo, el crecimiento del cabello.

Por otro lado últimamente aumentó el consumo de complementos que reducirían la absorción de hidratos de carbono. Son derivados de alimentos, como el extracto de faseolamina que proviene del poroto blanco (una legumbre) como el que contiene el polvo de moda: Satial.

¿Qué ocurre si esparcimos polvo de porotos sobre un plato de pastas, sobre la pizza o sobre una porción de torta? Como se trata de una legumbre rica en fibra y otros nutrientes, la combinación enlentecerá la velocidad con que los carbohidratos contenidos en esas preparaciones sean absorbidos en sangre, lo cual ayuda a moderar la liberación de insulina (hormona que en exceso favorece la acumulación de grasas y el apetito) y aumenta la saciedad.

Cuando uno come una fruta, que tiene fibra, ese alimento se absorbe de una forma más lenta que el jugo de esa misma fruta. Lo mismo sucede con las pastas integrales: ralentizan su proceso de absorción de las harinas gracias a su riqueza en fibra.

El problema que los nutricionistas tuvimos que afrontar en el último tiempo fue reaccionar al discurso de muchos famosos que recomiendan el uso de estos complementos de una manera irresponsable, generando la convicción de que se puede comer en abundancia tortas, pizzas y cualquier producto que contenga carbohidratos porque el solo hecho de rociarlo con el polvo alcanza para neutralizar su efecto sobre el peso y la salud en general.

En realidad, los suplementos dietarios aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) son seguros y podrían ayudar si se combinan con un plan de alimentación saludable y variado, así como puede ayudar a dormir tomarse un té de valeriana si llevás una vida ordenada y no trasnochás.

Pero no existen fórmulas mágicas para bajar de peso. Ese objetivo siempre es el resultado de incorporar nuevos hábitos, llevar un estilo de vida ordenado, con una dieta razonable y actividad física acorde a las características de cada persona.

Para que nuestra dieta sea equilibrada debe contener al menos dos raciones diarias de verdura, una en el almuerzo y otra en la cena; 2 a 3 frutas; 2 a 3 raciones de alimentos proteicos (carne, pescado y huevos, de preferencia poco grasos); cereales o féculas ricos en fibra como la pasta, el arroz o el pan integrales y las legumbres. ¿Sabías que el nuestro es uno de los países con menor consumo de legumbres en todo el mundo? En la Argentina se consume menos de 1 kilo por persona al año, a pesar de tener nutrientes muy saludables como vitaminas del complejo B, ciertos minerales (calcio, hierro, potasio, magnesio y zinc) y fitoquímicos como los compuestos fenólicos, las isoflavonas y otros antioxidantes con interesantes efectos metabólicos.

Además de lo anterior, es necesario moderar el consumo de alimentos ricos en azúcares como mermeladas, dulces, jaleas, miel y bebidas azucaradas; y con exceso de grasas y sodio como los productos de bollería y pastelería industrial y los alimentos precocinados.

Otro de los aspectos a tener en cuenta es repartir la ingesta alimentaria a lo largo del día haciendo 5 a 6 comidas diarias: desayuno, colación a media mañana, almuerzo, merienda, cena y colación después de la cena. Esto favorece el autocontrol de la ingesta y la ansiedad y también reparte el consumo de calorías a lo largo del día. De hecho no hay ningún estudio que demuestre que saltearse alguna comida pueda ayudar a adelgazar.

El movimiento es otro pilar indispensable. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, caminar 7850 pasos diarios seguidos o en tandas nos saca del grupo de sedentarios y suma numerosos beneficios para nuestro bienestar y también para el control del peso corporal. Calcularlos es muy simple: existen numerosas aplicaciones gratuitas para celulares. Descansar lo suficiente (entre 7 y 8 horas por noche) también colabora con el control del peso y esto es tan cierto como afirmar que dormir mal, engorda; tomar bastante agua o líquidos no calóricos antes de comer también ayuda y, ya frente al plato de comida, estar conscientes y disfrutando del momento.

Comer para sentirse bien es, después de todo, la base de todo buen programa alimentario.

*Por Adrián Cormillot, médico nutricionista.

FUENTE: noticias.perfil.com

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