Creencias versus pensamiento científico

Desde que salí de la universidad he sido un libertario, socialmente liberal y físicamente conservador. Creo en la libertad individual y en la responsabilidad personal. También creo en la ciencia como el mayor instrumento hecho jamás para comprender al mundo.

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Entonces, ¿qué pasa cuando estos dos principios están en conflicto? Mis creencias libertarias no siempre me han servido. Como la mayoría de las personas que mantienen fuertes convicciones ideológicas, encuentro que demasiado a menudo mis creencias superan los hechos científicos. Esto se llama razonamiento motivado, en el cual el cerebro razona nuestras maneras de respaldar lo que queremos que sea verdad. El razonamiento motivado puede ayudarnos a superarlo cuando está en desacuerdo con la evidencia.

Tomemos el caso del control de armas. Siempre acepté la posición libertaria de una regulación mínima de la venta y uso de armas de fuego porque las ponía bajo la rúbrica beneficiosa de restricciones mínimas a los individuos. Después leí la ciencia de las armas y homicidios, suicidios y balaceras accidentales, y me di cuenta que para mí la libertad de balancear mis brazos termina donde comienza la nariz del otro.

La creencia libertaria en la regla de la ley y policía y militares potentes para proteger nuestros derechos no funcionará si los ciudadanos de una nación están mejor armados pero no tienen entrenamiento y pocas restricciones. Aunque la data para convencerme que necesitamos algunas medidas de control de armas estuvo siempre ahí, las había ignorado porque no entraban en mi credo.

En varios debates recientes con el economista John R. Lott (Jr.), autor de «More guns, less crime» («Más armas, menos crimen»), vi un reflejo de mi yo anterior en la manipulación y búsqueda y procesamiento de datos para quedar bien con las convicciones ideológicas. Todos lo hacemos, y cuando la ciencia es complicada, aparece el prejuicio de confirmación (o tipo de razonamiento motivado) que dirige a la mente a buscar y encontrar hechos que confirman e ignoran la evidencia que confirma o no.

Mi libertarianismo también ensombreció una vez mi análisis del cambio climático. Durante mucho tiempo estuve escéptico, principalmente porque me parecía que los liberales estaban exagerando el caso del calentamiento global como un tipo de milenarianismo secular, un apocalipsis ambiental que requería acción gubernamental drástica para salvarnos del día D a través de un sinnúmero de regulaciones que esposarían a la economía y restringirían el capitalismo que, mantengo, es el mayor enemigo de la pobreza.

Luego fuí a la literatura primaria científica sobre el clima y descubrí que hay evidencia convergente de múltiples líneas de consultas de que el calentamiento global es real y causado por los humanos: aumento de las temperaturas, derretimiento de los glaciares, desaparición del hielo ártico, achicamiento de la capa de hielo antártica, elevación del nivel del mar correspondiente a la cantidad de hielo derritiéndose y la expansión termal. El dióxido de carbono tocando el nivel de 400 partes por millón (el más alto en por lo menos 800 mil años, y el aumento es el más veloz) y la predicción confirmada que si un calentamiento global antropogénico es real, la estratósfera y tropósfera superior debería enfriarse mientras que la tropósfera baja debería calentarse, que es el caso.

El choque entre hechos científicos e ideologías estaba en exhibición en la conferencia 2013 FreedomFest en Las Vegas –el mayor encuentro de libertarios en el mundo– en donde participé en dos debates, uno sobre el control de armas,  y el otro sobre el cambio climático. Amo el FreedomFest porque supercarga mi motor de creencia. Pero este año estuve tan desalentado por la negación avasallante que quería devolver mi credencial de miembro libertario. En el debate de control de armas (como en mis debates con Lott alrededor del país), proponiendo aun medidas modestas que casi no tendrían efecto sobre la libertad –como un chequeo de antecedentes– trajo un oprobio como si hubiera quemado una copia de la Constitución de los EEUU en el escenario. En el debate climático, cuando mostré que entre el 90 y 98 por ciento de los científicos climáticos aceptan el calentamiento global antropogénico, alguien gritó “¡mentiroso!” y voló del salón.

Por Michael Shermer (Glendale, California, 1954) es escritor, presentador e historiador especializado en temas científicos, fundador de la Skeptics Society, y editor de su revista oficial, Skeptic, principalmente dedicada a investigar temas pseudocientíficos y sobrenaturales.

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