En sólo 12 semanas se pueden incorporar hábitos saludables

Encarar una dieta muy restrictiva no suele dar resultados duraderos. Los especialistas aconsejan cambiar el estilo de vida: comer de todo pero en menor cantidad y practicar alguna actividad física.

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Dos porciones de paella, una picada de achuras, medio kilo de asado… Los pedacitos de chocolate que les robamos a los chicos, ¿también se cuentan? Hacer la cuenta de lo que comimos durante el verano puede ser demoledor, pero también el último empujón para revisar nuestra dieta antes de que empiece el invierno. Los especialistas aseguran que el cambio de hábitos hacia una vida más saludable se puede alcanzar en 12 semanas.

¿Nacer de nuevo con un candado en la boca? No. “Hacer una dieta muy restrictiva por un mes o dos no suele dar resultados duraderos. La idea es encarar un plan integral de conductas saludables, que no impliquen un gran sacrificio y puedan ser sostenidas a largo plazo”, asegura Silvio Schraier, director de la Carrera de Médicos Especialistas en Nutrición de la Facultad de Medicina de la UBA.

La clave es ponerse objetivos alcanzables, empezar, ir sumando días y acostumbrarse. “A medida que se practican los cambios, por pequeños que sean, se aprenden y se vuelven inevitables. En 12 semanas cambia nuestro patrón de comprar, de preparar, de servir, de comer, de movernos y de relacionarnos con la comida”, explica Mónica Katz, directora de la especialización en Nutrición en la Universidad Favaloro y apóstol de la No Dieta, una corriente en la nutrición que va en contra de los regímenes drásticos y apuesta a crear hábitos saludables atacando las conductas y entornos que llevan al sobrepeso. “Hay tres áreas cruciales que hay que necesitan cambiar: movimiento, emociones y comida ”, explica.

“ Toda la sociedad está complotada para que uno engorde.

Lo que engorda tienta porque es más rico, viene en un packaging más vendedor, es más barato y viene en porciones más grandes”, admite el doctor Alberto Cormillot. Por eso el primer lugar donde que hay que actuar es en la puerta de entrada de los alimentos. Ir al supermercado y no hacer una compra gigante, saber leer las etiquetas, poner en el changuito algún “gusto que engorde”, pero también muchas más opciones saludables.

“Todo se puede comer, el tema es el tamaño de las porciones y de cómo combinar los alimentos”, asegura Cormillot.

“Se calcula que un hombre sin sobrepeso debería consumir entre 2 mil y 2.500 calorías al día; y una mujer, entre 1.500 y 2 mil. Para adelgazar, las cantidades deberían bajar a 1.500 calorías en hombres y 1.200 en mujeres”, apunta Schraier. No es necesario llevar la balanza y la calculadora en la cartera. Nuestro cuerpo también tiene la solución. “Una porción normal de carne, por ejemplo, no debería superar la palma de la mano, sin los dedos ”, agrega el especialista.

El método de cocción es otro punto caliente.

No sólo se trata de desechar los fritos, sino de tratar de que la comida sea lo más casera posible. Los suplementos pueden ayudar pero con la supervisión de un médico. “Algunos, como el ácido linoléico conjugado, pueden ayudar en un plan integral de abordaje del sobrepeso”, asegura Schraier. “Cuando elijo que come mi familia o mis amigos, me constituyo en el arquero nutricional de mi red social ”, asegura Katz. Claro que casi siempre le tiene que atajar penales a Messi. Según la última encuesta de factores de riesgo que realizó el Ministerio de Salud en 2009, que el 54% de los adultos tiene sobrepeso o es obeso. En 2005 era el 50,5%. Según la Organización Mundial de la Salud, el sobrepeso y la obesidad constituyen el quinto factor principal de riesgo de muerte en el mundo. Se calcula que cada año 2,8 millones de personas mueren por patologías asociadas al peso excesivo.

“La obesidad está considerada una pandemia. Tenemos todo a nuestro alcance para movernos lo mínimo indispensable, la mayoría trabajamos en tareas que no implican esfuerzo físico y hasta las formas de entretenimiento que tenemos involucran cada vez menos desgaste ”, admite el doctor Sebastián Laspiur, director de Promoción de la Salud y Control de Enfermedades no Transmisibles del Ministerio de Salud, que acaba de terminar un manual de “buenas prácticas laborales” para quelas empresas fomenten la actividad física entre sus empleados.

“No hace falta un gran entrenamiento para dejar de ser sedentarios.

Pequeños esfuerzos, como bajarse antes del colectivo o no usar el ascensor ayudan muchísimo ”, agrega Schraier. La prohibición de poner los saleros arriba de la mesa en los restoranes y los quioscos saludables en las escuelas son otras de las iniciativas para frenar tentaciones. “Cuando atendemos un cuadro derivado de la obesidad en el hospital, significa que llegamos tarde”, define Susana Ferrín, pediatra y directora de Redes y Espacios para la Salud porteña. Además de las bicisendas, la Ciudad está instalando estaciones saludables para hacer ejercicios en las plazas. La especialista asegura que décadas de sedentarismo, snacks y gaseosas hicieron bajar la edad de inicio en la diabetes. “Antes la mayoría de los casos se daban después de los 40; hoy los empezamos a ver a los 10 u 11 años y de clase II, la más complicada”, asegura.

“El entorno muchas veces administra lo que comemos, por eso una buena medida para cambiar es crear ambientes seguros ”, explica Lidia Biagioni, psicóloga especializada en problemas nutricionales. “Cada día de buenos hábitos –asegura— suma un paso y llega un momento que no cuesta más ”. Sólo es cuestión de empezar.

Fuente: Clarin

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