Las porciones de los alimentos y la obesidad

Durante el siglo XX, las modificaciones en los factores ambientales de la población de países industrializados contribuyeron al cambio de patrón alimentario en la sociedad de consumo, al generar cambios de comportamiento en la determinación de la elección del tipo y cantidad de alimentos que se decide o no consumir. Entre estos factores ambientales, la oferta de un tamaño cada vez mayor de las porciones de los alimentos que se disponen para la venta ha influenciado la ingesta energética incrementándola de forma significativa, según varias investigaciones que se citarán a continuación. Blundell J. E. (1997), afirma que como consecuencia de esto se observa un sobreconsumo calórico pasivo, denominado así porque en su opinión no hay en realidad intención del individuo de sobrepasar su consumo.

Las tazas de obesidad de los últimos años han aumentado en forma paralela al aumento del tamaño de las porciones de alimentos. Además de esta correlación estadística, son múltiples los estudios controlados que han demostrado que la provisión de porciones más grandes de comida en un entorno de laboratorio lleva a las personas a la ingesta de energía significativamente mayor.

Se publicó un estudio donde se les brindo a 51 participantes un almuerzo por semana durante 4 semanas consecutivas. El tamaño de la porción fue incrementándose semana tras semana. Inicialmente la porción servida era de 500g, y la última semana se les sirvió porciones de 1kg de comida.

Como resultado se observó que el tamaño de la porción servida había influenciado el consumo de energía de los participantes, ya que éstos ingirieron un 30% más de energía cuando se les sirvió la porción más grande. Lo más sorprendente fue que luego de finalizado el estudio, más de la mitad (55%) de los participantes no habían notado las diferencias de tamaño entre las porciones servidas.

Wansink y Park (2000) (5), modificaron el tamaño de las bolsas de palomitas para conocer su efecto en el consumo total de este alimento en un grupo de personas que acudieron a una sala de cine en Philadelphia – EEUU. Los investigadores entregaron aleatoriamente a los participantes una bolsa de 120g o de 240g de palomitas. Al finalizar la proyección de la película pesaron el contenido sobrante de cada bolsa de palomitas.

Reportaron que los participantes a los que se les asignó la porción de 240g de palomitas consumieron más alimento en comparación con los participantes a los que se les asignó la porción de 120g. Wansik y Junyoung (2005), encontraron los mismos resultados en un estudio similar en los que además de manipular el tamaño de la porción de palomitas disponible también modificaron el sabor utilizando palomitas recién hechas y palomita hechas 14 días atrás. A pesar del sabor y la frescura del alimento, los participantes consumieron más palomitas cuando tuvieron disponible la porción grande.

El tamaño de las porciones extra grandes también es considerado uno de los factores claves que determina el aumento de la ingesta de energía e incremento de la prevalencia de obesidad en niños estadounidenses. En el 2011 se presentó un estudio realizado en 31.337 niños de 2 a 18 años donde se observó el cambio en el consumo de gaseosas, golosinas, snacks (papas fritas) y comida rápida (panchos, hamburguesa, pizza, etc.) en un intervalo de 3 décadas. Como conclusión se observo que el tamaño de las porciones para todos estos alimentos de alta densidad calórica aumentó, sobre todo las porciones de comida rápida (ej. la porción de pizza incremento en 176 kcal. por porción). Aportó además que este grupo de alimentos representa el 36% de las ingesta energética diaria de estos niños.

En Australia se publicó un estudio donde se observó que ni la educación nutricional ni las técnicas de atención plena (mindfullness) eran eficaces en la reducción del tamaño de la porción. Lo que sí pudieron observar es que aquellos participantes que se servían porciones más grande de comida, finalmente consumían un 34% más de la misma.

En EEUU, hay estudios que muestran que los menúes que ofrecen en restaurantes de comida rápida se estima han incrementado su tamaño de 2 a 5 veces en las últimas 2 décadas. Así también el tamaño de las botellas de gaseosas, que se triplicó en los últimos 50 años. Si bien el aumento en el tamaño de las porciones no es suficiente por si sólo para explicar los aumentos de consumo de energía de nuestra sociedad moderna, es un factor de fuerte influencia que es viable de modificar y debe abordarse en el marco de la prevención y el tratamiento de la obesidad.

En los últimos años, en Argentina las porciones están regresando a su tamaño controlado. De continuarse, esta tendencia ayudaría a la reducción de la obesidad en nuestro país.

Fuente:unilevernutricion.com

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