Obesidad en la infancia, una epidemia global que también golpea a Buenos Aires

Afecta a personas de edades cada vez más tempranas. En la Ciudad de Buenos Aires, más del 40% de los niños tiene exceso de peso, la mitad de los escolares pasan más de dos horas diarias frente a las pantallas y el 37% no cumple con la recomendación de realizar actividad física al menos dos horas por día.

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En los últimos 30 años, la obesidad se convirtió en un importante problema de salud pública a nivel mundial. Es la primera vez que una enfermedad crónica no transmisible (ECNT) es considerada epidémica y es la más prevalente en el mundo. Nunca como hasta ahora se tuvo la oportunidad de presenciar el desarrollo tan rápido y generalizado de una epidemia de enfermedad no infecciosa. Por eso, la Organización Mundial de la Salud (OMS) describe el fenómeno como una “epidemia global”.

El sobrepeso y la obesidad son el resultado de una compleja interacción entre los genes y el ambiente, que se caracteriza por un desequilibrio de energía debido a un estilo de vida sedentario, un consumo excesivo de energía, o ambos.

La obesidad se asocia a enfermedades metabólicas, cardiovasculares, pulmonares, traumatológicas y algunas formas de cáncer. Desde el punto de vista psicológico produce depresión, trastornos de la conducta alimentaria, aislamiento y disminución de la autoestima, lo que afecta la esfera de relaciones personales, familiares y educativas.

Los niños y los adolescentes, en la mira

Diversos estudios muestran que personas cada vez más jóvenes son afectadas por esta enfermedad. A su vez, el aumento de la cantidad de casos de obesidad infantil es paralelo al aumento del síndrome metabólico (hipertensión arterial, hipercolesterolemias, bajo colesterol HDL, hipertrigliceridemia, dislipemias, insulinoresistencia) y diabetes tipo 2.

La situación en la Ciudad de Buenos Aires

El sobrepeso y la obesidad fueron los principales problemas nutricionales detectados en preescolares de 2 a 4 años: afectan a 2 de cada 5 niños, según datos de la Primera Encuesta Alimentaria y Nutricional de la Ciudad de Buenos Aires (2011). En el grupo de chicos entre 5 y 12 años, la prevalencia de sobrepeso y obesidad es muy similar, siendo la obesidad más frecuente en los niños que en las niñas.

Desde la Ciudad de Buenos Aires, a través de la Dirección General de Desarrollo Saludable, llevan adelante dos líneas estratégicas para dar respuesta a esta problemática: por un lado, las Estaciones Saludables, que tienen como objetivo la promoción de la salud y la prevención de enfermedades donde enfermeros y nutricionistas brindan controles de salud gratuitos (controles de peso y talla, glucemia, presión arterial, consejería en alimentación saludable) y se realizan servicios adicionales como actividades para niños y adultos; por otro, la iniciativa Mi Escuela Saludable, que toma a la escuela como una oportunidad para promover prácticas saludables en los más chicos.

¿Qué alimentos consumen los niños?

Al analizar el aporte energético de los distintos grupos de alimentos, los cereales y panificados fueron los principales mencionados, seguido por los lácteos y las carnes; y luego los azúcares, dulces, golosinas y bebidas azucaradas.

En relación con el consumo de bebidas, tanto el agua y la soda, como las gaseosas y jugos con azúcar fueron las opciones más frecuentemente referidas (aproximadamente 4 de cada 10 niños consume este tipo de bebidas azucaradas diariamente). Las gaseosas y jugos light tuvieron una menor frecuencia de selección, al igual que los lácteos, las infusiones con azúcar, y con una frecuencia menor al 1%, las infusiones sin azúcar y los jugos naturales.

Alrededor de 7 de cada 10 niños “picotea” alimentos fuera de las comidas estructuradas  en forma regular. Las opciones más frecuentemente elegidas fueron: galletitas y amasados de pastelería dulces, frutas, galletitas saladas y pan, yogures y postres lácteos.

¿Cuánto tiempo dedican a hacer actividad física?

La actividad física tiene un efecto positivo sobre la salud de las personas: mejora la calidad de vida, no sólo como contribución a un mejor balance energético sino por aumento de la suficiencia cardiopulmonar. A mayor actividad física menor morbimortalidad asociada a enfermedades cardíacas y otras dolencias crónicas. Durante la niñez favorece el proceso de crecimiento, debido a la estimulación que se produce a nivel de tejido óseo y muscular.

El hogar es el ámbito en el que los niños pasan la mayor parte del tiempo cuando son pequeños y su influencia en los hábitos de movimiento y sedentarismo son de gran importancia a lo largo de la vida del niño hasta la adolescencia.

La práctica de deporte desde edades tempranas repercute en el aspecto afectivo, social y cognitivo, desarrolla capacidades como la percepción espacial, coordinación motora, la agilidad y el equilibrio. A su vez, la promoción de la actividad física es considerada como unos de los principales pilares en la prevención de las enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT), incluida el sobrepeso.

En conjunto, la evidencia disponible parece indicar que la mayoría de los niños y jóvenes que realizan actividad física moderada o vigorosa durante 60 o más minutos diarios podrían obtener beneficios importantes para su salud.

La encuesta antes mencionada determinó que más de un tercio de los niños en edad escolar no alcanzaba a realizar los 60 minutos de actividad física diarios recomendados.

En relación a la opinión de los niños, el 93% creía que hacer actividad física es importante y más de un tercio (36%) manifestaba que no estaba haciendo toda la actividad física que le gustaría hacer, siendo los motivos más frecuentes “por falta de tiempo” (37%), “porque no me pueden llevar” (21%), “por falta de ganas/cansancio” (12%) y “porque no tengo ningún lugar cerca de mi casa” (8%).

Múltiples pantallas, demasiadas horas

El tiempo excesivo que los niños y adolescentes dedican a actividades sedentarias (mirar TV, transporte pasivo; videojuegos) se asoció con múltiples indicadores de salud como bajo nivel de actividad física, mayor riesgo de sobrepeso y obesidad, menor desempeño escolar, trastornos del sueño, problemas de interacción social en niños, conductas agresivas, consumo de cigarrillos y alcohol y déficit de atención. Según la encuesta de 2011, aproximadamente la mitad de los escolares pasaban más de 15 horas semanales (más de 2 horas diarias) frente a la TV.

Fuente: entremujeres.com

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