¿Por qué sólo el 35% de los argentinos comen frutas y verduras?

Alberto y Adrián Cormillot analizan la obesidad como epidemia nacional. “Hay una obsesión por llevar una vida saludable, pero sólo de la boca para afuera”.

Día tras día, las multicoloridas góndolas de los supermercados emprenden una progresiva y firme mutación hacia las tonalidades verdes “naturales”. Los envases ya no se preocupan por tentarnos, prefieren tranquilizarnos: estamos llevando alimentos reducidos en calorías, en colesterol, libres de grasas trans, conservantes, aditivos, TAC y otras tantas fórmulas que aunque no llegamos a comprender del todo, nos convencen de estar en el camino correcto. Después de todo, eso es lo que queremos: vivir más livianos, tener un cuerpo más lindo, llevar una vida más saludable. Lo “sano” resume la nueva obsesión de la clase media nacional aunque ya nadie sepa si eso significa ser más bellos, más fuertes, más resistentes o solamente más selectivos.

Simplemente queremos ser “sanos”. ¿Lo estamos logrando? ¿Qué tanto sabemos realmente lo que significa llevar una vida saludable? Hablando con los doctores Alberto y Adrián Cormillot, abocados a la tarea de educar masivamente en cuestiones alimentarias. Ellos reflexionan acerca de los principales obstáculos y facilidades que nos presenta la vida cotidiana para hacer el gran cambio.

“Es cierto, hay una obsesión nacional por llevar una vida saludable”, confirma Alberto Cormillot, que se apresura en aclarar: “lamentablemente, es sólo de la boca para afuera”. Y lo resume en un dato contundente: “Cada vez hay menos venta de frutas y verduras, pero más de alimentos envasados y fabricados artificialmente ¿Qué tiene esto de saludable?”, se pregunta.

Publicidad vs. información. Según datos de la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo más reciente, el 35% de los argentinos consume pocas frutas y verduras y tan sólo el 4,8% come diariamente las cinco porciones que aconseja la Organización Mundial de la Salud.

Las razones no tendrían que ver tanto que ver con el gusto y la economía, sino con la publicidad. “¿Alguna vez viste en la tele un aviso que venda manzanas? No existe, no hay, la industria estimula otras cosas, cosas que, además, crean adicción como el azúcar y la harina, pero no lo realmente saludable”, resume Cormillot padre. “La mayoría de los chicos conoce perfectamente los nombres de los nuevos postrecitos, pero no sabe identificar las frutas. Sólo conocen la manzana, la naranja y la banana, y aseguran aborrecer al kiwi y el damasco, aunque la mayoría ni siquiera los probó”, observa.

 

Fuente: InfoNews

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