Un alimento que es muy difícil de reemplazar

Aproximadamente, un kilo del peso de cualquier adulto está constituido solo por un mineral, el calcio, y a la vez más de dos terceras partes del calcio que se ingiere proviene de tres alimentos: leche, yogur y quesos. El sector lechero produce y pone a disposición cerca de 200 litros anuales de leche per capita, lo que cubre poco más de la mitad del calcio necesario. Sin embargo, el consumo de lácteos es muy desigual, como se observa en encuestas poblacionales que muestran que más del 75% de la población no logra cubrir la recomendación de calcio.

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Del conjunto de virtudes nutricionales de los lácteos, dos de las más importantes son su contenido en calcio y vitamina D, no solo por su muy conocida relación con el estado de salud ósea, sino también por su condición protectora de hipertensión, algunas formas de cáncer y muy posiblemente en la prevención de la mayor epidemia nutricional: la obesidad.

Escolares, mujeres embarazadas y adultos mayores son los tres principales grupos vulnerables a un bajo consumo de leche y lácteos. Los primeros porque la edad escolar es la más importante en el crecimiento óseo y depósito del calcio necesario para el resto de la vida.

En el caso de las mujeres embarazadas hay dos cuestiones trascendentes: una es la prevención de hipertensión, condición que representa un trastorno frecuente en los embarazos y que puede llegar a consecuencias tan graves como la mortalidad materna. Por otra parte y en especial en el tercer trimestre de embarazo, el feto actúa como una verdadera «aspiradora» de todo el calcio que necesita sin importarle cuánto le quita a la madre de sus huesos y dientes.

¿Cuánta leche es necesaria ? El principal marcador de las necesidades de leche es el calcio. Diariamente se necesita en promedio 1 gramo de calcio y su mayor vehículo son los lácteos; otras fuentes alimentarias importantes son los pescados, las legumbres y casi todas las hortalizas. Precisamente los alimentos que menos se consumen en la mesa de los argentinos. Por eso es que un consumo de leche menor a 3 vasos diarios hace casi imposible cubrir la cantidad necesaria para una buena nutrición. Es lo mismo consumir yogur y también quesos, aunque en este último caso es importante no exagerar cuando se tratan de quesos con alto contenido de grasa y muy salados.

Reemplazar el calcio de 3 vasos de leche requeriría comer diariamente más de medio kilo de radicheta, acelga, lentejas o porotos o más de ¼ kg de caballa o anchoas? Todo un desafío muy difícil de imaginar.

Para mejorar el consumo de lácteos es indispensable pensar en el rol que tienen las escuelas, a través de sus programas de alimentación escolar y en los quioscos. En algún momento habría que repensar el rol de los almuerzos en las escuelas y plantearse la importancia de mejores y más universales programas de leche escolar, asegurando un consumo mínimo de 200 cc (una taza mediana) y mayor presencia (¿a precios subsidiados quizá?) de yogures y postres lácteos en los quioscos o dispensers.

Y de la misma manera, para las mujeres embarazadas, adultos mayores y población en general, pensar en el rol de las políticas sociales nutricionales en disminuir por lo menos el peso del IVA en el precio de leches, yogures y quesos bajos en grasa. La cada vez mayor bancarización de la población y hasta un mecanismo similar a la tarjeta SUBE permitiría aumentar el consumo de aquellos alimentos más saludables como es el caso de la leche.

Fuente: LaNacion

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